Ya no quiero más cuentos. Quiero una realidad dulce, calma y alocada a la vez, una realidad más soñada, menos real. Algo menos realista que la realidad pero que, a la vez, sea real. Real como las palabras que se dicen cuando uno no piensa, real como los latidos de un corazón desbocado y al trote o galope. Real como cada pensamiento que uno tiene, que uno fantasea y, a pesar de ser fantasía, es real.
Real como cada lágrima que uno derrama por algo, por nada y por la tempestad de vivir algo que no es agradable.Y ya que la realidad me hartó, me cansó, desató lo que yo no quería mostrar, vamos a soñar con la realidad que yo siempre quise.. la realidad nada real.
Quiero esa realidad, no cuentos. No más cuentos.

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