sábado, 9 de julio de 2011

Que.

Nuestras propias emociones tan contenidas hasta enloquecer por dentro. Lo duro que llega a resultar mantenerse bajo control para no prorrumpir en llantos o carcajadas, para contener esa lágrima escurridiza que estaria contenta de rodar sobre nuestras mejillas al vacío que le espera en los confines de nuestros rostros. La única sílaba de la palabra más sencilla, oírla tamborilear vacilante en tus labios y salir con un quiebre delatador. No contener ni queres contener más esa pena aguda que te parte a la mitad. Pedir, rogar, por dentro, solamente estar solo o con esa persona que sabes que te puede hacer bien con solo abrazarte. Pero saber que es un imposible que este y resignarte a aferrarte a tus rodillas, inclinar la cabeza en ellas y dejarte ser. Enterrar el rostro en almohadas y volar de tu realidad, descargarte.
Dejar de contenerte durante un momento. Durante solo un momento dejar de resistirte a tus emociones y dejarlas flotar en tu alma. Saliendo atropelladas en remolinos vertiginosos. Y, haciendote ver las estrellas y el suelo, volar tu cabeza para demostrarte que fue demasiado. Que no se puede contener esto que tanto pugna y tanto duele. Que tanta fuerza y voluntad requiere para hacerse. Que logra dejar hasta al guerrero más fuerte, exhausto. Que duele, simplemente. Que duele terriblemente.

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