Tengo que dejarte ir. No sigas con el juego que me haces mal. Me engañas con palabras dulces, insinuantes, tiernas, graciosas; con tu sonrisa y tus abrazos. Con tu calurosa confianza y tu atrapante mirada.
Y ahora las lágrimas caen libres por mi rostro algo rencoroso. Rencoroso del pasado que vivo como presente. Rencoroso de todas y cada una de tus palabras que sacaron nuevas y radiantes sonrisas a el cuando parecia imposible. Al hacerme bien me hiciste mal. Me hiciste
Necesito una razón para odiarte. Odiarte tan profundamente que me pueda olvidar de vos. De este calor que sentí en mi por meses y meses. Y que por estas ganas locas de probar tus labios caí en la trampa más mortal que pude encontrar en el camino. Practicamente un suicidio sos.
Quizás la indiferencia, olvido, odio, enojo, sean los mejores remedios.
Recuerdo esa primera vez que te vi, tus facciones perfectas para vos. Me encantabas. Me encantas. Pero no puedo seguir así, no puedo seguir lástimandome a mi misma, jugando a este juego cruel, engañandome, con miedo, miedo a perderte y a amarte. Miedo de que no me quieras como yo a vos. Y así es.
Tantos pensamientos practicamente dados al aire.

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