sábado, 7 de mayo de 2011

Y por ahí iba yo, algo dudosa sobre terrenos desconocidos, insegura y temblorosa.
Un pequeño destello, una noche, se dejó ver a un costado de los helechos del camino frondoso. Un haz de luz que incitaba a cualquiera a seguirla y atraparla, a perseguirla.
Corriendo por entre caminos nunca recorridos, yo iba persiguiendo la lucesita que iba de arriba a abajo, se apagaba unos segundos para despistarme y volver a aparecer, hacerme enojar, reir y seguir titilando.
De día, lamentablemente, la luz desaparecia y yo tenia que ir resbalando, ya no tan insegura, por esos caminos transversos que, ahora, yo iba haciendo. Desarmando nudos y secando lágrimas al caer y rasparme bastante las rodillas, las manos, las piernas y los brazos. Ver resbalar las infimas gotas de sangre al rojo vivo que iban resbalando por las partes lastimadas.
Pero de noche... nada que ver. La lucesita reaparecia para sanarme más rapido las heridas y hacerme seguir, no se puede descansar, no se puede parar.

Un día, esa lucesita no reapareció de noche y desesperé, la busqué, la esperé, la llamé hasta que entendí que no iba a volver... se había ido. Ya era tiempo de que yo fuese por mi cuenta. Solita, inventarme mi propia "luz".
Resbalé, me raspé, lloré, reí, salté, corrí, sonreí pero a fin de cuentas, valió la pena para poder llegar a lo que soy hoy. Porque algo soy.

Ser algo, uno siempre es. Así que la lucesita me guió, metafóricamente, hasta lo que soy y acá me dejó para que yo me haga y deshaga mis propios lios... para que pueda seguir solita solita. :)

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