domingo, 29 de mayo de 2011

Surcando los ojos de la inconsciencia,
ensayando nuevos renglones
para trazar en una linea nueva de
hoja invisible y sal,
hay un pequeño, recóndito,
irreconocible para el resto de los ojos humanos.

Ahí, si si, ahí, esta nuestra propia
locura, imaginación, niñez,
como la quieran llamar,
reflejada en un par de espejos
que no reflejan lo que nos imaginamos
como niñez.

Reflejar, no un espejo,
un cuadro olvidado, una sonrisa sin sentido,
un sueño extravagante.
Reflejar en una pared lo que ya no recordamos.

Nuestra inocencia perdida y por perder,
los recuerdos menos reelevantes,
más raros para recordar.

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