viernes, 1 de abril de 2011

Lluvia que choca contra mi, lluvia que destruye mi piel. Chaparrones de tinta negra transparente en los vidrios, en las plantas, en mi pelo, en mis ropas. Luz inconsciente se refleja en cada gota de agua caida y las que no cayeron ya caeran para formar parte de la danza.
El cielo se desvive haciendo caer y caer la lluvia, mojando y dejando todo dudosamente resbaloso y fresco a su paso. Las gotas destruyen mis parpados que miran sin mirar al cielo, a la negrura tapada por nubes grisaceas. No veo las estrellas. Los diamantes eternos del cosmos no aparecen esta noche empapada. Ni la Luna se digna a aparecer, a iluminar las nubes y a calmar a la lluvia con un arrullo que solo los de graaaan imaginación pueden ver. Sí, ver.
Ya no se si es frio o una mojadura cálida lo que siento pegado a mi cuerpo. La sensación va atravesando paredes de músculo frágiles y me va helando todo y dando una tibieza inusual a la vez. Mi cerebro no entiende qué es lo que percibo, si una calma de muerte o si el chapoteo del agua es un punto y a parte, no forma parte de la calma que se percibe. Hace que esa calma sea menos calma y más lluvia.
Lluvia, gotas de tinta negra transparente que ya parara de caer y dejará a su paso todo dudosamente resbaloso y fresco, me revive y me tranquiliza. Lluvia, frio o calor atraviesa mis músculos, cada vez que cae algo del cielo, algo que es vida. Lluvia, arrullo para los de graan imaginación, cada vez que se hace ver ni la Luna se digna a salir. Lluvia, hace que esa calma sea menos calma y más lluvia.
La Luna la percibe, con un aro de colores alrededor suyo avisa que va a llover, avisa que va a caer calma. Que los valientes que salgan de sus refugios de ladrillos podrán quedar empapados de transparencia fresca. Que los truenos y los relámpagos sonaran por un rato para que empiece a llover. Son sus guardaespaldas, la protegen antes de que se lance a manchar todo de un blanco multicolor. La acompañan hasta que se arma de valor y la ayuda a saltar. A volar.
Lluvia que choca contra mi, que destruye mi piel. Que la quema y quiebra como si fuese aire. Me he de satisfacer con un rato, un rato de libertad, de no tener que estar limitada a un cuerpo; piel, dos ojos, una nariz, una boca, dos brazos y dos piernas.
Si quiero, por ese rato, puedo ser cualquier cosa. Una mariposa, aire, luz, una planta, una ardilla. Cualquier cosa.
A volar, la ayuda a volar, a caer y a ser un alma libre, un desperdigado y desconocido errante de otro mundo. De uno muy cercano.
Luz que me ilumina, que ilumina todo a su paso, a su caida. Cada gota un rayo de luz inocente, inconsciente.

1 comentario:

  1. Wow. Increible. Tengo toda la piel de gallina Ailu, toda. Increible inreible, me encanta.

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